Herbolario Parvati

Nuestra historia

diosa-parvatiHabía una vez una hermosa elfa llamada Leabe…

Nació en una aldea adentrada en un profundo bosque, rodeada de naturaleza y montañas.

Desde pequeña sentía una conexión especial con las plantas y árboles que la llevaba a caminar en busca de ese algo que brotaba en su interior, explorando rincones bellos y desconocidos donde la naturaleza mostraba su máximo esplendor.

Aunque todavía no había encontrado ese algo que sentía en su corazón, comenzó a decantarse por estudiar los alimentos. Aprendió a buscar los mejores frutos y semillas que ofrecía la Madre Tierra y enseñaba al resto de elfos de la zona a comer bien para sentirse mejor.

Pasaron los años, Leabe creció y un día decidió comenzar un sendero sola. Sus padres la apoyaron como siempre, aunque esta vez tenían un cierto temor por su marcha lejos de ellos, ya habían perdido una hija y querían tener cerca a la única que les quedaba, pero ellos amaban tanto a Leabe que en contra de sus deseos la apoyaron para que emprendiera su camino.

Después de atravesar ríos, montañas y senderos, tras muchas lunas, Leabe llegó a un poblado que la dejó encandilada. Aquel lugar era tan alegre y luminoso que no lo dudó y allí decidió quedarse.

Empezó a ofrecer su ayuda a los elfos del poblado para transmitirles sus conocimientos sobre la alimentación y no tardó en ser conocida por muchos que acudían en su ayuda.

Un día, Leabe se encontraba atendiendo a los habitantes del lugar y escuchó la campanilla de la puerta, al voltearse encontró de pie a un elfo rechoncho y con una gran sonrisa. Le dijo que había acudido hasta ella ya que había llegado a sus oídos todo lo que sabía y quería que le ayudara.

En realidad, al ver a Leabe quedó prendado de ella (la quería solo para él), así que no escuchó nada de lo que le dijo, solo pensaba en qué decirla para volver a verla.

Aquel desconocido era un gran elfo orador, convencía a los demás sólo con sus palabras, a pesar de que había muchas mentiras en todas ellas. Así también engañó a Leabe, la atrapó con su sonrisa de miel y sus dulces palabras. Tras un tiempo se fue a vivir con él y tuvieron un descendiente. Una vez ya atrapada en sus garras, comenzó a destapar la oscuridad que había dentro de él. Sumida en un estado de ansiedad, incertidumbre y miedo Leabe decidió huir. Cogió en brazos a su hijo y emprendió otro camino sin mirar atrás.

Volvió así a su aldea, donde sus padres la acogieron, la dieron todo su amor y ayudaron a curar sus heridas.

Leabe selló su corazón para que nunca más pudieran hacerla daño.

Pero el destino tenía algo para ella. Se dio la casualidad que en una fiesta de los elfos de la aldea, amañaron dos elfas celestinas un encuentro para que coincidieran Keryn El Guerrero y Leabe.

Cuando los dos se vieron, no pudieron evitar cruzar las miradas durante toda la noche, y con ayuda de las celestinas volvieron a verse.

Keryn era muy tímido y respetuoso, y Leabe llevaba su corazón sellado con un candado, pero el amor entre ambos era tan grande que Leabe le entregó la llave del candado para abrir su corazón de nuevo.

Tuvieron una descendiente Aravae (Gran Felicidad) que junto con su primer descendiente Arael (Corazón) formaron una gran familia.

Keryn apoyaba en cada paso a Leabe, por lo que ella tras aprender de la vida y de los libros encontró el momento para saber qué era lo que brotaba en su interior desde que era pequeña.

Se retiró un tiempo en esa búsqueda, y llegó a la cima de una montaña, el monte Párvata.

Retirada allí durante días sin encontrar una respuesta, recibió un día una visita: La Diosa Parvati, Diosa de los alimentos y la fuerza interior de todo ser y ésta le dijo:

“Duro trabajo has tenido para llegar hasta aquí, en busca de respuestas que no encuentras, más en tu interior está la fuerza, tú eres el mensaje, pues en tu nombre y en tus manos hayas el significado que brota en ti.”

Leabe entendió lo que la Diosa Parvati le dijo, pues su nombre significaba: “sanar con plantas” y en sus manos se hallaba la experiencia de tantos años de práctica y estudios con plantas y alimentos ayudando a los demás.

De ese modo, Leabe regresó a su hogar con su familia, llena de energía y alegría, cambiada, pues ya encontró en ella la respuesta que tanto buscaba:

 ERA SU PROPÒSITO DE VIDA: AYUDAR A LOS DEMÁS A CUIDARSE CON PLANTAS.